De profesión: Estrés

Como reducir el estrés se ha convertido en la pregunta del millón y en la búsqueda del Santo Grial en la sociedad actual.

Vas a escuchar de boca del estrés los efectos que produce en el organismo mediante una situación real en la que te has podido encontrar, o sino en alguna similar.

Y ofrecerte un sencillo ejercicio para hacer frente a esas situaciones cotidianas, donde un poco de calma pueden suponer la diferencia entre una reacción desproporcionada o una acción moderada.

Enseguida conocerás al protagonista.

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El estrés también puede descansar

Te dejo con el protagonista de la historia.

¡Hola!, me llaman estrés y estoy un poco molesto. Se ha escrito mucho sobre mi, y entre otras cosas se va diciendo que soy malo, malisimo. Cuando no es así, me siguen acusando de muchos de los problemas de salud que asolan la sociedad moderna.

Hablan de mi en sentido negativo. Cuando no soy mas que una respuesta adaptativa. Sin mi, la raza humana no habría sobrevivido devorados por las fieras hace mucho tiempo.

El problema surge cuando, una vez he realizado mi labor, me mantenéis en el puesto, en lugar de despedirme con buenas palabras y un profundo agradecimiento.

¡Y que quede claro que solo acudo allí donde me llaman!

Si quieres luchar, huir o esconderte acudo en tu ayuda. Terminado mi trabajo me marcharía encantado, pero debo tener un encanto especial porque te enganchas a mi, sin querer desprenderte.

Y me cargas con toda la responsabilidad de tus problemas de salud. ¡Yo solo quiero ayudar!

Tengo que reconocer que provoco en las personas un cóctel químico potente. Lo siento, ese despliegue de medios es necesario para poder ayudarte en esos momentos complicados .

Como Google, una vez que me das tu permiso, me hago con el control.

Que conste, que terminado el trabajo marcharía sin pedir nada a cambio. ¡Bastante trabajo tengo!

Son las mismas personas que luego se lamentan por mantenerme en su compañía las que me acusan de sus males. Hemos llegado a tal punto que los de la OMS me quieren considerar una enfermedad.

Para no variar los demás siempre tenemos la “culpa” de lo que sucede. Es mejor soltar la responsabilidad de la vida, y dejarla en manos de los demás. ¡Que bonito!

Me gustaría decirte. Si a ti, que tanto te quejas del estrés. Que declaras que no te dejo vivir.

¡Que no es justo!

Soy obediente, no tengo ningún poder sobre tu cuerpo. En cuanto me digas ya no te necesito , me largaré.

¿Cual es el motivo para culparme?. ¿Porque no descargas tu frustración contra el corazón por latir?, o ¿porque no te enfadas con tu sistema digestivo por hacer la digestión en la hora de la siesta?

Señoras y señores, estoy cansado de tamaña injusticia. Asuman su responsabilidad, si sigo con ustedes es por decisión suya. Acudan a mi solo cuando sea necesario, dejen que haga mi trabajo, para después dejarme marchar con un gracias y una palmadita en la espalda.

Se que soy irresistible, las reacciones químicas que provoco rivalizan con el enamoramiento. Puedo llegar a comprenderlo, tengo un encanto especial, y soy un gran profesional producto de los milenios que llevo desempeñando mi trabajo.

Y para que veas que solo pretendo ayudarte, mas adelante te contare como puedes despedirme de forma sencilla, sin tener que llamar a la banda de música, ni organizarme una fiesta de despedida. En el fondo soy sencillo, fácil de contentar.

Y te diré un secreto.

Tengo que confesar que no soporto a la respiración consciente. No lo comentes por ahí, cuando aparece esa Señora, me voy sin decir adiós.

Antes de irme te voy a contar de lo que soy capaz, y que sucede cuando abusas de mi compañía. Como el buen vino un par de copas las disfrutas y te sientan bien, si te bebes dos botellas… ¿Culpabilizas al vino de la resaca? ¿Acaso te obligo a pimplarte las dos botellas?

Nadie es culpable. Tú tampoco, hacemos lo que podemos en cada momento, lo mejor que sabemos.

Habrás escuchado o leído en alguna ocasión el cuento Cherokee de los dos lobos. Me gusta contarlo para mostrar que no hay nada bueno ni malo, es el uso que le damos a las cosas lo que marca la diferencia entre lo que consideramos como positivo o negativo.

Para que entiendas lo que quiero contarte voy a compararme con mi amiga la calma. Ya sabes que las comparaciones son odiosas, es solo para mostrar que no soy bueno, ni malo, es el uso que hagas de mi.

Empleo la calma no porque sea mi opuesto, pero nos sirve como contraste. La calma por definición es la supresión de algo, en este caso seria mi marcha. Además la calma se asocia con un estado de paz y tranquilidad.

Mi amiga la Calma me hace el relevo.

El cuento Cherokee relata la historia de los dos lobos que habitan en nuestro interior.

Uno de ellos es de color negro: representa aquello que nos limita (envidia, codicia, arrogancia, culpabilidad , victimismo, orgullo, mentira y falsedad), esta enfadado y lleno de ira.

El otro es de color blanco: representa lo que nos potencia y nos trae felicidad ( la alegría, la paz con uno mismo, el amor incondicional, la generosidad y la compasión, la empatía), actúa desde el amor.

Lo mismo ocurre conmigo el estrés, y la calma. Con ciertos matices.

El estrés nos pone en alerta, se despierta la agudeza y la capacidad de adaptación. Cuando estamos en “peligro” nos prepara para protegernos.

Seria el estrés tónico, aquel que nos salva de una situación de dificultad, o incluso el que bien gestionado nos hace aumentar la productividad en un momento puntual, y sin el cual no llegaríamos a cumplir un objetivo urgente.

Y por supuesto el que entra en acción ante una situación de peligro.

Hasta aquí todo bien, el problema es cuando ya no es necesario seguir alimentando al lobo negro y continuamos. Hasta atiborrarlo.

Si vives en estado de estrés permanente seras incapaz de disfrutar de la vida y de las personas que te rodean. Te convertirás en una persona irascible y llena de ira, y acabaras llegando a caer enfermo o enferma.

Mas adelante veremos que pasa cuando damos de comer en exceso a nuestro lobo negro.

La calma podría ser el estado opuesto desde el que afrontar un conflicto, una forma más pacífica, tranquila de vivir las situaciones.

Estarías alimentando al lobo blanco.

En el caso del estrés y la calma, mejor alimentar esta última, y emplear el estrés solo en situaciones puntuales donde te saque de un apuro.

Desde la calma se pueden afrontar la mayoría de las situaciones que se presentan, con un resultado mucho mas beneficioso que afrontándolos desde un estado de estrés. ¡A no ser que vivas en la selva, rodeado de fieras!

Por supuesto que ante una situación de riesgo elevado, actuando con calma, puedes quedar desprotegido, sin capacidad de reacción, y es aquí donde el estrés te saca de un apuro.

¿Porque seguimos en compañía del estrés?

Dejamos a nuestro protagonista de hoy y te cuento algo interesante para comprender porque cuesta aparcar los estados de tensión.

El caso es que la mayoría de nosotros no vivimos en la selva, en la sabana o en lugares con conflictos, donde el estado de alerta es esencial para la supervivencia.

La gran mayoría de las situaciones que afrontamos desde el estrés están condicionadas por conflictos del pasado no resueltos o por el miedo a un futuro desconocido.

La capacidad que tenemos de especular sobre los problemas, revivir experiencias del pasado e incluso prever catástrofes futuras; desencadena en una cascada de reacciones químicas relacionadas con el estrés.

Esto es propio del ser humano. La gacela no esta pensando cuando la atacara el león, vive en calma, y cuando esta en peligro se dispara su respuesta adaptativa para huir del peligro.

Cuando el peligro cesa, vuelve a estar en calma. No se queda pensando si volverá el león, si vendrá con otros leones mas agresivos. Tampoco se pregunta – ¿y si me hubiera ido por la derecha? ¿habría sido mejor? ¡No vuelvo a ese rio, por si me esta esperando!.

Nosotros pensaríamos eso, y mas cosas enrevesadas. Que aportar, no aportarían nada, eso si, nos pondría de una “mala ostia que pa que”.

Nos basta recordar un episodio desagradable de ayer o tratar de controlar lo que va a ocurrir mañana para provocar grandes desequilibrios fisiológicos en el cerebro y el organismo.

Nos pasamos el día alimentando al lobo negro, cuando tendríamos que dar de comer al blanco. Cuando vuelvas a vivir una situación estresante piensa en tu lobo blanco, su comida sale mas barata y es mas sana.

¿Recuerdas la última situación donde te has estresado?

¿Podría ser esta?

Sales con prisa del trabajo para llegar a tiempo a recoger a los niños, el día ha sido de “aúpa”, entre reuniones, “aguantar” las tonterías de algún compañero, trabajo en exceso y tener que comer en cinco minutos un sándwich rancio, estas que te subes por las paredes.

Coges el automóvil. Y como no…

Atasco.

Y lo ves llegar, nuestro querido amigo el estrés se acomoda en el asiento de al lado y tu cuerpo reacciona a su presencia.

Ya sabemos de su encanto.

Las pupilas se dilatan para que puedas ver mejor, el ritmo cardíaco y la respiración se aceleran para que puedas salir corriendo, echarle a patadas o esconderme en el asiento de atrás.

El organismo libera glucosa al torrente sanguíneo con el fin de que las células dispongan de más energía y la sangre se desplaza de los órganos internos a las extremidades para que puedas moverte con rapidez.

¡Pero sigues en el coche! ¡En pleno atasco! ¡Y el estrés sigue allí!

Tu cuerpo se prepara para huir y tu encerrado, con la música de fondo de los claxon y el aire acondicionado que ha dejado de funcionar. Hoy daban 40 grados.

Miras la hora… Llegas tarde a recoger a los niños.

El sistema inmunitario se dispara y luego decae, según la adrenalina y el cortisol llenan los músculos con el fin de suministrar la energía que necesitan para escapar o evitar aquello que te estresa.

Pero no puedes huir. Desearías tele-transportarte a la puerta del colegio.

La circulación sanguínea abandona el cerebro anterior, tu cerebro racional, para dirigirse al cerebro posterior, de modo que pierdes tu capacidad de pensar creativamente.

Así que las decisiones que tomas son desacertadas, como coger un atajo, entrando mas de lleno en el atasco.

¡Para que ost.. me meto por esta calle! Las decisiones en estado de estrés no te llevaran por buen camino.

Ya esta activada la respuesta al estrés. Y todo ha comenzado con un simple pensamiento:

“No llego a tiempo a recoger a los niños”.

Mientras el corazón te late con furia en el pecho bombeando un montón de sangre hacia las extremidades y el cuerpo pierde el equilibrio interno estable, el sistema nervioso te prepara para huir o luchar.

Pero por mucho que lo desees: no puedes largarte a Bali, ni estrangular al conductor que esta ocasionando el atasco. Por eso condicionas al corazón a estar latiendo con furia todo el tiempo y tal vez acabes con la tensión alta, arritmias y otros trastornos.

¿Como termina la historia?

Llegando tarde al colegio y tus hijos pagando los platos rotos. Ya que por desgracia convertimos las situaciones estresantes breves en largas.

Activamos la respuesta de estrés y no podemos desactivarla.

La razón es evidente: el efecto domino de la cascada de hormonas y de otras sustancias químicas liberadas como respuesta al estrés provoca una fuerte reacción emocional, como rabia, irritación, frustración, desilusión, ansiedad o sentimiento de culpa.

Lo que en el pasado era una respuesta muy eficaz para adaptarnos a una situación y una respuesta bioquímica beneficiosa (lucha o huida) se ha convertido ahora en una serie de circunstancias perjudiciales.

¿Y que ocurre cuando sigues viviendo en un estado continuo de estrés?

El sistema inmunológico, tu sistema de autoprotección, no tiene suficiente energía para el crecimiento y la regeneración. Y acabas enfermando, ya sea por un resfriado, un cáncer o por esclerosis múltiple.

Cada vez que alteras el equilibrio químico del cuerpo, se produce lo que llamamos “estrés”. La respuesta de estrés es la manera natural del cuerpo de responder a lo que te hace perder el equilibrio, y lo que hace para recuperarlo.

Recuerda que tu organismo hace lo necesario para recuperar su equilibrio natural.

Tanto si ves un animal salvaje en la selva, como si te encuentras en el supermercado con el vecino que siempre eludes, pierdes los nervios en un atasco o llegas tarde a una reunión, la respuesta del estrés se activa.

Y activas la respuesta con un simple pensamiento. Y ese pensamiento puede que no tenga nada que ver con las circunstancias presentes.

Desde una perspectiva psicológica, el torrente de hormonas del estrés que inundan tu cuerpo genera emociones de ira, miedo, envidia y odio, fomenta sentimientos de agresividad, frustración, ansiedad e inseguridad y provoca experiencias de dolor, sufrimiento, tristeza, sentimiento de culpa, vergüenza, desesperanza y depresión.

La mayoría de la gente se pasa la mayor parte del tiempo preocupándose con pensamientos y sentimientos negativos. ¿Es porque la mayoría de las cosas que nos ocurren son negativas?

¡Claro que no!

Tienen una actitud negativa porque viven anticipando el estrés o volviendo a experimentarlo con los recuerdos, por eso la mayoría de los pensamientos y sentimientos están motivados por las fuertes hormonas del estrés y la supervivencia.

Así pues, tanto si anticipas una experiencia que te produce la respuesta de estrés como si la recuerdas, el cuerpo esta existiendo en el futuro o en el pasado.

Adictos al estrés, los “yonkis modernos”

Nos hemos convertido en dependientes de ciertas sustancias que genera nuestro propio organismo. Estamos «enganchados» a estados emocionales que nos proporcionan una buena dosis de esas «drogas». Puede parecer que son fáciles de conseguir y gratis, pero todos sabemos que salen caras.

En palabras de Joe Dispenza:

«Acabamos siendo adictos a las emociones negativas o, mas exactamente, a lo que llamamos “hormonas del estrés”. En el instante en que reaccionamos a una circunstancia del mundo exterior que nos parece amenazadora, tanto si la amenaza es real o imaginaria, nuestro cuerpo libera hormonas del estrés para movilizar enormes cantidades de energía que nos permitan hacer frente a esa amenaza.

En esos casos, el organismo se desequilibra; eso, precisamente, es el estrés.

Se trata de una reacción sana y natural, porque en el pasado liberábamos un cóctel químico de adrenalina, cortisol y otras hormonas parecidas cuando nos topábamos con un peligro del mundo exterior. Tal vez nos persiguiera un depredador, y tuviéramos que decidir a toda prisa si luchar, huir o escondernos.

Las hormonas del estrés nos inducen a enfocar toda la atención en el mundo exterior, porque ahí esta el peligro. En tiempos prehistóricos, por supuesto, esta reacción suponía la diferencia entre vivir o morir. Era una respuesta adaptativa. Nos ayudaba a seguir con vida. Y una vez pasado el peligro los niveles de hormonas del estrés volvían a la normalidad.

En los tiempos modernos, en cambio, las circunstancias son muy distintas. Tras una llamada o un email del jefe o de un familiar que nos suscita una fuerte reacción emocional, como rabia, frustración, ansiedad o sentimiento de culpa, los primitivos mecanismos de huida o lucha se activan y reaccionamos igual que si nos persiguiera un depredador.

Y esas reacciones químicas se prolongan en el tiempo de manera automática, porque la amenaza externa no desaparece.

La verdad es que muchos de nosotros pasamos buena parte del tiempo en un estado de excitación constante. Sufrimos estrés crónico, como si el depredador, en lugar de vivir en la selva, viviera en la misma cueva que nosotros: un compañero de trabajo, la suegra o el vecino.

Cuando vivimos en modo supervivencia y las hormonas del estrés como la adrenalina y el cortisol fluyen constantemente por nuestro cuerpo, permanecemos en estado de alerta en lugar de volver a la normalidad. Cuando el desequilibrio se prolonga en el tiempo hay muchas probabilidades de que acabemos enfermos, porque el estrés a largo plazo regula a la baja la expresión sana de los genes».

De echo, nuestros cuerpos se acostumbran a la descarga química hasta tal punto que se vuelven adictos a ella. El organismo la anhela, como el drogodependiente su droga.

Volvamos a la Calma

Vuelve a Imaginarte la situación del atasco.

Ahora, cuando piensas que no llegas a tiempo al colegio. Respira.

Reflexiona desde la calma.

¿Si me enfado llegaré antes? ¿Conseguiré que mi coche despegue y planee por encima del atasco? ¿Si digo al conductor del bus lo que pienso de su madre, lograre retrasar el reloj?

Va a ser que no.

Por el contrario, puedes aprovechar el tiempo y evitar que el estrés se acomode en el asiento de al lado.

Estas dentro del coche sin nadie que te moleste. Pon una música que te guste para amortiguar los sonidos del exterior. Y haz este sencillo ejercicio para traer calma.

Cuenta mentalmente al inspirar y expirar.

Inspira repitiendo 1,1,1. Expira 2,2,2. Inspira 1,1,1. Expira 2,2,2.

¿Como vas? Venga que los coches se van moviendo.

Ahora.

Inspira contando 1,2,3. Expira 1,2,3. Inspira 1,2,3. Expira 1,2,3

Se te dibuja una sonrisa en el rostro. Continua.

Sigue contando mentalmente. Inspira 1,2,3. Reten el aire dentro 1,2,3. Expira 1,2,3. Sin aire 1,2,3. Vuelve a Inspirar 1,2,3 …..

Has llegado.

Abrazas a tus hijos y riendo continuáis disfrutando del maravilloso día.

Tu eliges. ¿Estrés o Calma?

Estos sencillos ejercicios de respiración ayudan a mantener la atención en el presente, y no estar en el pasado o en el futuro, atrayendo calma y serenidad. Son muy útiles para gestionar una situación como la descrita.

Y con practica y constancia lograr cambios muy positivos.

Lógicamente, ante estados de estrés prolongados en el tiempo hay que ir al origen, a la causa y cambiar los programas que nos hacen seguir repitiendo ciertos comportamientos, patrones de pensamiento, creencias limitantes, miedos que nos mantienen en estado de alerta todo el día.

Como he mencionado nos convertimos en adictos al estrés. Las sustancias que genera nuestro cuerpo, según el estado emocional en el que nos encontramos, son una droga de la que hay que desengancharse.

Alimenta al lobo blanco y solo cuando sea estrictamente necesario da de comer al negro.

La buena noticia es que existen métodos para lograr reducir el estrés, “desengancharte” con lo que podrás dormir mucho mas tranquilo y tu trabajo diario sera mas efectivo.

Y lo ideal, desde mi punto de vista, es que aprendas todo lo necesario para gestionar estos estados, así como cualquier aspecto de tu salud. Con el asesoramiento correcto puedes crear hábitos saludables, llegar al origen de los problemas y aprender a vivir en calma.

No se tu, yo prefiero un cálido abrazo de mi hija, que una mirada temerosa ante mi reacción. He vivido las dos, y no hay color.

Puedes descubrir técnicas probadas para reducir tus niveles de estrés y ansiedad, y poder disfrutar de tu familia con buen humor, estando presente, no con la mente en otro sitio. Aprenderás a reducir tus niveles de alta tensión.

Di adiós al fantasma de la enfermedad, creado por el estrés, que puede dejarte incapacitado para disfrutar de la vida que desees y del éxito que tanto te ha costado conseguir.

Espero que la imagen que haya podido quedar en tu mente, después de este viaje por tu organismo durante una situación de tensión, te ayude al menos a pensártelo dos veces antes de dejar que el estrés te domine.

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1 comentario en “De profesión: Estrés”

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